SENDERO DE LAVA & AGUA
Hacia un futuro para el territorio patagónico: planificación ecológica y diseño del paisaje volcánico austral.
PROYECTO DE TÍTULO
Por Ignacio Meneses A
Peninsula de Hualaihué | Hornopirén | Patagonia | Chile | 2021
El proyecto propone un sendero que asciende desde el piedemonte hasta el cráter del volcán Hornopirén, concebido como narrador de la historia geológica del Paisaje Volcánico Austral, del Alerce (Fitzroya cupressoides) que crece en sus suelos, y de los Alerceros que lo deforestaron y habitaron por siglos. La propuesta se inserta en un plan territorial mayor que funda la Cicloruta Norpatagónica y una Red Interconectada de Ciclorutas y Senderos a lo largo de la Península de Hualaihué, que busca recuperar la transversalidad del territorio frente a la lógica longitudinal impuesta por la Carretera Austral desde su construcción.
Vista al volcán Hornopirén desde el kilómetro 84 de la Carretera Austral.
Mucho antes de que los mapas nombraran esta región, los pueblos nómades del agua habitaron los canales, fiordos y estuarios de lo que más tarde se llamaría Patagonia, nombre que nació del encuentro con quienes los colonizadores llamaron patagones. Su vínculo con el agua pervive en toponimias y en la jerga del oficio del Alercero, y su habitar persiste materialmente en concheros, donde el suelo mismo fue construido concha a concha a lo largo de los bordes de los fiordos. Este saber ancestral permanece, y revisitarlo se vuelve una guía para orientar cómo podríamos planificar e intervenir en un territorio donde cada cumbre, cuenca y volcán porta su propio Genius Loci, lugares donde la tierra misma se siente sagrada y la presencia espiritual es demasiado fuerte como para para ignorarla.

Fotografía de Alerces en la cuenca del Lago Cabrera, a los pies del volcán Hornopirén.
La Península de Hualaihué funciona como puerta de entrada norte a la Patagonia occidental desde el Estuario de Reloncaví. Es un territorio de alto valor ecológico y geológico cuya identidad ha sido moldeada por siglos de habitar en torno al volcán, al bosque y al agua. Con la llegada de la Carretera Austral en 1976, los flujos históricamente transversales entre mar y montaña fueron reemplazados por una lógica longitudinal norte-sur, debilitando el vínculo entre las comunidades y sus propios volcanes.
El análisis territorial se sostiene sobre la construcción de un mosaico ecológico que revela una triangulación fundamental: Volcán, Alerce (Fitzroya cupressoides) y Alercero. Estos tres actores se encuentran históricamente vinculados por los senderos trazados por el último, entendidos aquí no solo como infraestructura utilitaria sino como huellas culturales que organizan la comprensión del paisaje.
La figura del Alercero constituye el pilar cultural de la propuesta. Su saber empírico sobre el bosque y la navegación se sistematiza en operaciones precisas que el proyecto rescata y reinterpreta: el reconocimiento de la mancha, el alteo como punto estratégico de observación, el astillero como primer acto de refugio liviano, el trazado del cuicuy como sendero de exploración, la picada como sistema de orientación, y la balsa tablera que articula las rutas terrestres con las hidráulicas. Hoy quedan alrededor de diez Alerceros en ejercicio, representando la última generación de este oficio.
El Corazón Narrativo del Proyecto
Ilustraciones de los actos ejecutados por Alerceros en su habitar: la búsqueda de manchas de alerces en el paisaje, la planificación para senderizar, la faena del alerce, la orientación en el bosque, y el retiro aguas abajo mediante una balsa tablera. Con base en el trabajo de Ximena Urbina y documentales de la Península de Hualaihué.
La investigación documenta también los tipos de Alerce reconocidos por los Alerceros en su propio lenguaje de trabajo: Concañ, Mechung, Huinay, Cude, Pollera-quechu, Palo verde, Ala, Cude-petriu, Cude-Cude, Chanchui, Regañata, Huiñar, and Peñeng. Este vocabulario de siglos, en riesgo de extinción, se incorpora al proyecto como manifiesto que da cuerpo al area museográfica del sendero entendiéndolo como un gran museo a cielo abierto.
A su vez, la lectura ecológica reconoce al volcán Hornopirén no como evento eruptivo sino como un criptosistema: En este caso un paisaje volcánico que evoluciona lentamente, oculto bajo mantos de erosión, redes hidrográficas, estratos litográficos y bosques tupidos. Su geomorfología se estructura en siete unidades de paisaje: Piedemonte Volcánico, Brazo eruptivo Norte, Brazo eruptivo Sur, Cuerpo Central de Cono Truncado, Estepa Volcánica, Borde de Cráter y Conos del Cráter.

Ilustraciones de tipos de Alerce (Fitzroya cupressoides), interpretadas a partir de Análisis histórico-cultural del alerce en la Patagonia septentrional occidental, Chiloé, siglos XVI al XIX de Ximena Urbina, y de estudios estudios de campo.


El suelo volcánico mineralizado y poroso es también la matriz del Alerce, especie amenazada calificada EN (En Peligro), cuyos remanentes actuales representan solo el 46% de la superficie existente en 1550, y de los cuales solo el 17% se encuentra bajo protección estatal. El Alerce, conífera longeva que puede alcanzar 50 metros de altura y cuyo tronco crece apenas entre 0,6 y 1,6 mm al año, constituye un ecosistema maduro cuya importancia ecológica se sitúa al nivel del Amazonas.
La propuesta responde con un sendero que es a la vez infraestructura narrativa, dispositivo de restauración ecológica y puesta en valor cultural. Se estructura en tres momentos: un Inicio mediante un Centro Interpretativo, un Desarrollo mediante un Sendero principal con una ramificación hacia el Lago Cabrera, y un Final mediante el Surco de Cráter.
El trazado aplica una lógica de ascenso en zig-zag y espiral que reduce hasta en un 40% la pendiente de los senderos existentes trazados en contra de la cota, permitiendo recorrer el paisaje con mayor comodidad y menor impacto erosivo.
Inicio: Centro Interpretativo. Emplazado en el piedemonte volcánico, es concebido como síntesis del transecto completo condensado en una distancia caminable. Incorpora un sendero universal de pendientes máximas del 2%, garantizando accesibilidad para personas con discapacidad y ofreciendo una primera aproximación sensible a la diversidad del paisaje.
Desarrollo: Sendero principal. Opera como infraestructura activa, capaz de elevarse, hundirse o reforzarse según las necesidades ecológicas y la experiencia del usuario. En zonas degradadas, su trazado forma pequeñas cuencas que gestionan la escorrentía superficial, reducen la erosión y favorecen la absorción del agua, convirtiendo al sendero en instrumento de restauración ecológica de recuperación del Alerce. En otros tramos, la estructura se eleva hasta alcanzar el dosel de los alerces, transformando la experiencia del trekking en una perspectiva vertical del bosque. En cuerpos de agua como el Lago Cabrera, el sendero se extiende mediante muelles sumergibles que se adaptan a las fluctuaciones lacustres.
Entre cada unidad de paisaje se disponen artefactos de transición que rescatan directamente las operaciones del habitar del Alercero:
Artefacto Mancha. Cartel interpretativo que anuncia la lectura del paisaje
Artefacto Alteo. Torre de observación que reinterpreta el acto de altear
Artefacto Astillero. Refugio liviano para descanso y contemplación
Artefacto Quelcuñe. Muelle sumergible de navegación
Artefacto Picada. Sistema de señalética y orientación
Artefacto Plinto. Dispositivo para exponer los tipos de Alerce
Troncoescalera. Estructura vertical tallada que asciende al dosel
Estratoescalera. Expone la estratigrafía de tefra como narración geológica
Alteo Artefacto
Artefacto Quelcuñe Artefacto
Astillero Artefacto
Final: Surco de Cráter. Tramo en la cumbre con miradores y áreas de pausa que expone las capas finales de tefra consolidada y la totalidad del paisaje volcánico circundante, incluyendo los volcanes de la falla Liquiñe-Ofqui.
El Sendero de Lava y Agua propone un modelo de habitar responsable para el Paisaje Volcánico Austral, donde la arquitectura del paisaje asume un rol activo en la restauración ecológica, el rescate del saber local y la recuperación del vínculo sensorial entre habitante y territorio. Frente a la crisis socio-ecológica de la Patagonia, el proyecto plantea una intervención sutil y de largo plazo, donde habitantes, instituciones, fauna, árboles milenarios y rocas volcánicas participan conjuntamente en la modelación del paisaje.
Este proyecto corresponde a la Memoria presentada para optar al título de Arquitecto, desarrollada en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile (2021), bajo la guía de la Profesora Paulina Fernández Lozier. El documento completo se encuentra disponible en el Repositorio Académico de la Universidad de Chile. Ignacio Meneses A. DOI: 10.58011/vmf8-dh55

Vista desde el puente que cruza el Río Blanco Hornopirén.